Desde pequeña ya lo hacían, mucho antes de que mi madre muriera, mucho antes de quedarme sola.
Monstruo.
Así me llamaban aquellos que temían a lo desconocido.
Desde siempre he tenido un poder heredado de mi madre y del que nunca me he arrepentido, ni mucho menos he hecho culpable a nadie de tenerlo. Pero a los demás no les gustaba, les daba miedo, pavor. Fue cuando tenía 3 años, cerca de mi cuarto cumpleaños cuando vi al primero. Un ser horrible, mugriento, intentaba comerse a una mujer, pero ella ni se percataba de ello. Intenté salvarla, pero todos se pensaron que la estaba atacando. A partir de ese día volví a verlos, en cada esquina, en los arboles, junto a personas, pero nadie me creía.
Tener un ojo azul y el otro amarillo para ellos era brujería, algo satánico y por eso, yo para ellos, era un monstruo.
