martes, 10 de septiembre de 2013

El cazador cazado [Parte 1]

Aquella experiencia había hecho que abriera los ojos. Que me diera cuenta de lo que era en verdad, de cual era mi destino. La soledad.
O eso pensé durante los primeros días.
Empecé una vida sola. Un piso cutre con el poco dinero que había podido robarle a aquel hombre al que había matado.

Al principio me limitada a sobrevivir, comiendo alguna cosa de cuando en cuando. El resto me lo pasaba mirando la televisión.
Por aquella época sólo se televisaban noticias acerca de una red de prostitución que al ser desmantelada finalmente volvió a formarse por ellas mismas. Aquellas mujeres podían hacer lo que querían, podían tocar hombres sin que el simple hecho de besarles les consumiera.
Y todo por dinero.

Todo aquello fue creando en mi algo que acabaría creciendo hasta convertirse en parte de mi, en un ser misógino. Si hablaba con alguna mujer era por fuerza extrema; ni siquiera contestaba cuando por la calle me preguntaban por la hora o alguna dirección.
Todas eran iguales, unas furcias que se aprovechaban de los hombres. Mientras, yo no podía casi ni tocarles, y cada vez iba a más. Una sola mirada les atraía hasta el punto de desmayarse. Era insoportable.


Por suerte, en los periódicos se hablaba de un violador al que aún no habían atrapado, que actuaba por las noches en un parque cercano. Violaba indiscriminadamente, siempre y cuando la víctima fuera joven.

Quizá fue por buena voluntad, o por simple despecho. Sabía que si pasaba por allí, con mis mejores galas, le atraería. Apenas tuve que mirarle unos segundos para que se acercara a mi.
Entonces todo ocurrió muy deprisa. Él me agarró, yo fingí forcejear, me llevó a una caseta donde se guardaban los útiles de jardinería, o eso creo, apenas pude fijarme. Comenzó a romper mi ropa, a desearme con la mirada, incluso le colgaba baba por la comisura de los labios. Mas que un hombre parecía un perro rabioso. Se desabrochó el pantalón y en ese momento aproveché para apoderarme de la situación.



No tuve nada mas que cogerle del cuello y absorverle la energía vital. Podía sentir la mía creciendo y la suya menguando. Cuando sentí que iba a dar su último latido, me separé.


Él estaba asustado, como un conejito ante un lobo hambriento. Pero no era un lobo hambriento lo que contemplaba. Era una araña, o una mujer con ese aspecto.
Mi pelo se había vuelto negro, mis ojos íntegramente negros, excepto una tela de araña que se dibujaba en ellos. Pálida. Mi figura estaba mucho más marcada, con mas busto, curvas vertiginosas. No parecía mi cuerpo, pero sí que lo era.


Ahora el conejo asustado era yo. La que veía en el espejo de aquella cabaña, no podía ser yo. 
Retrocedí varios pasos y me alejé de aquel lugar, dejando aquel hombre tirado en el suelo, sin fuerzas y apunto de exhalar su útlimo aliento.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Ironía

Suenan las campanas, el reloj marca las 18:00, el té está preparado, ni muy tibio ni muy caliente; a la temperatura que debe estar. La princesa llega al salón, da un beso en la mejilla a su padre y se sienta para tomar el té. Coge una, dos y hasta tres pastas, sonriendo, siempre sonriendo. Por que si esa sonrisa llegara a desaparecer, alguien debería pagar por ello.

Tsukiko es la princesa de Riverblood, y sus padres, los reyes, hacen lo imposible para que tanto el pueblo como su hija sean felices. Desgastan su dura vida en ello.
Mientras, la niña de cabellos dorados disfruta de su tranquila vida en palacio. Se le da todo lo que quiere, quizá, sea lo mejor tenerla contenta. Y es que resulta que Tsukiko no es una chica corriente, además de ser princesa, es una vampiresa de pura sangre; y eso significa: eternidad. 

Pero también tiene sus contras: sed. Sed de sangre, aunque no en tanta cantidad como bien podría tenerla un neófito, pero debe tenerla controlada. Y no sólo por ser de esa raza, si no porque la mayor debilidad de Tsuki, no son las fiestas, los vestidos caros y los caballos blancos como el nácar; su mayor debilidad es que sufre de hemofobia, o en otras palabras, el miedo a la sangre. 
Y es que cuando Tsuki ve sangre, no puede reprimir un miedo terrible. Con suerte podrá desmayarse, pero si no es así... es cuando los demás deberán temer.
Al ser hija de dos vampiros de sangre pura, sus poderes se ven incrementados, lo que hace que nuestra princesa se descontrole hasta el punto de perder el norte, dañar a los demás o dañarse a ella misma es su conducta más habitual.

Todo un real peligro.


PD: Sí, este personaje esta basado en "Aku no meshitsukai"