domingo, 30 de abril de 2017

Consumirse

No es fácil ser aceptado donde no se te quiere. No es fácil ser uno más cuando eres diferente.

Un acto tan simple como una infidelidad puede que no sea nada, o sea el final de todo. En aquel momento no era consciente de todo lo que ocurría a mi alrededor.
El perfecto padre que siempre me había mirado con una sonrisa, ahora me miraba con desprecio. Había echado a perder una relación perfecta para mí o en otras palabras, las de su corazón, había echado a perder su honor. ¿Por qué? Porque mi madre me acusaba de ser la culpable de aquella infidelidad. Yo había sido la culpable, había hecho que él se distanciara de mí, había confiado en una chica que no merecía mi respeto y yo había causado aquella situación por ser una inconsciente y una despistada.

No podía volver a mi grupo de amigas, no podía volver a verla a ella. Ellos no lo comprendieron, me tacharon de inútil y cobarde, me rechazaron.

Poco a poco todo se empezaba desmoronar delante de mí, algo que siempre había estado en perfecto equilibro, ahora se me escapaba de las manos. La vida se me escapó de las manos.
No comía, no bebía, dejé de asistir a la facultad. Suspendí. Mis padres me repudiaron por haber hundido a la familia en la más hedionda mierda.

Aquella noche llovía, tronaba, nadie quedaba en las calles excepto yo. Caminé hasta que la noche era tan oscura que apenas podía ver lo que tenía delante de mis narices y me senté en un callejón tras una fábrica. 

No era consciente de que estaba rodeada de residuos tóxicos. Desde aquel fin de semana, el aire ya era lo suficiente tóxico como encontrarle diferencia.
Y poco a poco me fui consumiendo.

martes, 4 de marzo de 2014

Leyendas

Pero una vida en palacio, llena de lujos llega a ser tan fácil como la pintan, más aún siendo una vampiresa.
No es fácil ser normal. No es fácil luchar contra lo que te mantiene vivo o convivir con ello. Los padres de Tsukiko eran unos reyes admirables, que pasaron por una gran crisis al nacimiento de su hija; pero que supieron llevar las riendas de su pueblo hacia la victoria y el bienestar por el que actualmente se desviven en mantener.

Entretanto, el tiempo iba transcurriendo, y una antigua leyenda hacía crecer entre la gente una gran duda, una duda que sin sentirlo, comenzaba a separar a la gente en dos bandos, los que la creían verdadera, y los que creyeran o no, no la apoyaban.
Se decía que el día que Tsukiko nació, los rebeldes atacaron el reino, pues era un momento de debilidad que podían aprovechar para derrocar a los vampiros que lideraban, pues eran reacios a ser "esclavos", como ellos mismos se autoproclamaban, de unos "monstruos". El débil ataque fue mitigado sin problemas, hasta ahí todo era cierto y sabido.
Pero existía gente que afirmaba que algo más había ocurrido aquella noche, que los monstruos ocultaban algo. De aquel ataque nada se pudo salvar, todos los que soportaron el contraataque murieron, y aquellos que se asustaron no se quedaron lo suficiente para saber que repelía sus ataques.
Y aquí es donde empieza la leyenda. Dicen que aquella noche no nació una única hija, que con ella nació el apocalipsis, un ser que, al tener tanto potencial, fue separado de la misma madre nada más nacer, pues una profecía rezaba que un niño nacido de un chupador de sangre traería la muerte y la desgracia al mundo, sería el ocaso de la vida sobre la tierra, y que sólo la luna sería capaz de apagar las llamas de ese candente sol que sumiría todo en cenizas.

Los reyes nunca admitieron esa profecía, ni que aquella noche ocurriera nada de lo que ésta rezaba. Sin embargo, una nueva organización de rebeldes comenzaba a formarse en la oscuridad, y entre ellos, vampiros que estaban en desacuerdo con las supuestas mentiras contadas por los reyes.

El tiempo pasó, Tsukiko controlaba casi a la perfección su ira y su sed; ahora otras razones la hacían ser odiada: sus caprichos y su superficialidad. Se había vuelto en una niña mimada que chupaba dinero del pueblo para poder satisfacer el vacío que durante estos años había crecido en ella, se sentía sola; no tenía amigos con los que pasar el tiempo, y sus padres estaban demasiado ocupados acallando al pueblo y las revueltas que habían empezado a originarse. Toda esta tensión acumulada, acabó en un catastrófico desastre.

Durante un viaje que Tsukiko hizo para conocer sitios nuevos, hubo una gran revuelta, una gran revolución contra los reyes, incluso la mismísima guardia real traicionó a sus regentes. Apenas pudieron ofrecer resistencia, en pocas horas el palacio fue arrasado y sus padres murieron quemados en la hoguera. Las celebraciones y el miedo se adueñaba de las calles, había gente que lo celebraba, otros, que seguían apoyando a los reyes, se recluían en sus casas temiendo ser los siguientes en caer.
La celebración sólo duró unas horas, Tsukiko viajó con lágrimas de sangre en los ojos con la palabra venganza grabada en su mirada.

martes, 10 de septiembre de 2013

El cazador cazado [Parte 1]

Aquella experiencia había hecho que abriera los ojos. Que me diera cuenta de lo que era en verdad, de cual era mi destino. La soledad.
O eso pensé durante los primeros días.
Empecé una vida sola. Un piso cutre con el poco dinero que había podido robarle a aquel hombre al que había matado.

Al principio me limitada a sobrevivir, comiendo alguna cosa de cuando en cuando. El resto me lo pasaba mirando la televisión.
Por aquella época sólo se televisaban noticias acerca de una red de prostitución que al ser desmantelada finalmente volvió a formarse por ellas mismas. Aquellas mujeres podían hacer lo que querían, podían tocar hombres sin que el simple hecho de besarles les consumiera.
Y todo por dinero.

Todo aquello fue creando en mi algo que acabaría creciendo hasta convertirse en parte de mi, en un ser misógino. Si hablaba con alguna mujer era por fuerza extrema; ni siquiera contestaba cuando por la calle me preguntaban por la hora o alguna dirección.
Todas eran iguales, unas furcias que se aprovechaban de los hombres. Mientras, yo no podía casi ni tocarles, y cada vez iba a más. Una sola mirada les atraía hasta el punto de desmayarse. Era insoportable.


Por suerte, en los periódicos se hablaba de un violador al que aún no habían atrapado, que actuaba por las noches en un parque cercano. Violaba indiscriminadamente, siempre y cuando la víctima fuera joven.

Quizá fue por buena voluntad, o por simple despecho. Sabía que si pasaba por allí, con mis mejores galas, le atraería. Apenas tuve que mirarle unos segundos para que se acercara a mi.
Entonces todo ocurrió muy deprisa. Él me agarró, yo fingí forcejear, me llevó a una caseta donde se guardaban los útiles de jardinería, o eso creo, apenas pude fijarme. Comenzó a romper mi ropa, a desearme con la mirada, incluso le colgaba baba por la comisura de los labios. Mas que un hombre parecía un perro rabioso. Se desabrochó el pantalón y en ese momento aproveché para apoderarme de la situación.



No tuve nada mas que cogerle del cuello y absorverle la energía vital. Podía sentir la mía creciendo y la suya menguando. Cuando sentí que iba a dar su último latido, me separé.


Él estaba asustado, como un conejito ante un lobo hambriento. Pero no era un lobo hambriento lo que contemplaba. Era una araña, o una mujer con ese aspecto.
Mi pelo se había vuelto negro, mis ojos íntegramente negros, excepto una tela de araña que se dibujaba en ellos. Pálida. Mi figura estaba mucho más marcada, con mas busto, curvas vertiginosas. No parecía mi cuerpo, pero sí que lo era.


Ahora el conejo asustado era yo. La que veía en el espejo de aquella cabaña, no podía ser yo. 
Retrocedí varios pasos y me alejé de aquel lugar, dejando aquel hombre tirado en el suelo, sin fuerzas y apunto de exhalar su útlimo aliento.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Ironía

Suenan las campanas, el reloj marca las 18:00, el té está preparado, ni muy tibio ni muy caliente; a la temperatura que debe estar. La princesa llega al salón, da un beso en la mejilla a su padre y se sienta para tomar el té. Coge una, dos y hasta tres pastas, sonriendo, siempre sonriendo. Por que si esa sonrisa llegara a desaparecer, alguien debería pagar por ello.

Tsukiko es la princesa de Riverblood, y sus padres, los reyes, hacen lo imposible para que tanto el pueblo como su hija sean felices. Desgastan su dura vida en ello.
Mientras, la niña de cabellos dorados disfruta de su tranquila vida en palacio. Se le da todo lo que quiere, quizá, sea lo mejor tenerla contenta. Y es que resulta que Tsukiko no es una chica corriente, además de ser princesa, es una vampiresa de pura sangre; y eso significa: eternidad. 

Pero también tiene sus contras: sed. Sed de sangre, aunque no en tanta cantidad como bien podría tenerla un neófito, pero debe tenerla controlada. Y no sólo por ser de esa raza, si no porque la mayor debilidad de Tsuki, no son las fiestas, los vestidos caros y los caballos blancos como el nácar; su mayor debilidad es que sufre de hemofobia, o en otras palabras, el miedo a la sangre. 
Y es que cuando Tsuki ve sangre, no puede reprimir un miedo terrible. Con suerte podrá desmayarse, pero si no es así... es cuando los demás deberán temer.
Al ser hija de dos vampiros de sangre pura, sus poderes se ven incrementados, lo que hace que nuestra princesa se descontrole hasta el punto de perder el norte, dañar a los demás o dañarse a ella misma es su conducta más habitual.

Todo un real peligro.


PD: Sí, este personaje esta basado en "Aku no meshitsukai"

jueves, 22 de marzo de 2012

Miedo


¿Alguna vez habéis imaginado como sería una vida perfecta? Pues yo la tenía.
Tenía un padre perfecto, trabajador, feliz con su trabajo, con su familia, con sus vecinos. Mi madre era un ama de casa estupenda, siempre arreglada, oliendo a magnolias, siempre sonriendo.
Mi grupo de amigos de la infancia con los que siempre había estado, casi sin apenas enfadarnos. Y mi mejor amigo, mi novio. Era alto, guapo, simpático, la envidia de todas.
Yo por aquél entonces tendría 20 años, cuando un día, ocurrió.
Recuerdo que estaba pensando en aquél fin de semana. Nadie, ni yo misma, podría haber imaginado lo que él hizo. Me invitó a una cena espectacular, y al final de ésta, me pidió matrimonio.
Estaba volviendo de la facultad a mi casa. Esa tarde íbamos a reunir a mis amigos para darles la gran noticia. Pero la que se llevó la noticia fui yo.
Al llegar a casa saludé como siempre. Se me hizo extraño no escuchar a nadie, por lo que directamente fui a mi habitación y al abrir la puerta…
-Nanako… no es lo que parece…
Era exactamente lo que parecía. Eran mi mejor amiga y mi novio, juntos, en mi cama, desnudos.
Al contrario de lo que la mayoría de personas habría hecho, simplemente sonreí. Ellos se vistieron, pidieron mil veces disculpas, y creo recordar que ella se marchó llorando.
Yo me mantuve de pie en todo momento, sin borrar la sonrisa de los labios.
Siempre había vivido con ese miedo. Toda mi vida es perfecta, todo lo que tengo, poseo y deseo es perfecto. ¿Qué pasaría si un día algo no fuera bien? Y mi mayor miedo, se hizo realidad. A pesar de lo ocurrido continué mi vida con tranquilidad, como si aquello no me hubiera afectado en absoluto, pero por dentro, me corroía, me pudría, me enfermaba. 

lunes, 13 de febrero de 2012

Colt Python 357 [Parte 1]

Nunca pensé que volvería a pasar, que me quedaría de nuevo sola. Que huiría con el rabo entre las patas, como cuando ví morir a mi madre. Ahora había vuelto a perder todo lo que tenía y me había marchado sin mirar atrás.


Vivía en la calle, bajo aspecto humano en las ciudades y bajo aspecto lupino cuando tenía que cazar, esconderme o huir de los cazadores. Por desgracia para mí, aquella fue una época en la que los licantropos eran muy numerosos, estaban en casi todos los bosques y muchos de ellos nos creaban una falsa fama de asesinos. Empezaron a surgir cazadores de "hombres-lobo" y con ello, el peligro era inminente en los pueblos pequeños cercanos a los bosques. Intentaba por todos los medio no ser cazada por ellos y eso me llevó a atacar a muchos cazadores para defenderme, ademas de propocionarme comida.

Empecé a cazar indiscriminadamente, sólo por alimentarme. Luchar por luchar, por placer. Pero para todo existe unas reglas, y yo, estaba saltandomelas como quería. Hasta que dieron conmigo.


Un hombre alto, más que un humano, de anchos hombros, piel oscura, ojos oscuros y pelo corto. Llevaba pintas de ser un militar, pero no llevaba chapas colgando del cuello y su arma no parecía pertenecer a la tecnología humana. Peor aún, eso me excitaba mas, me daba más sed de sangre, de luchar.


- Quedas arrestada por múltiples homicidios. Tienes derecho a guardar silencio. Cualquier cosa que digas podrá ser usada en tu contra ante un tribunal. Tienes derecho a ser escoltada hasta la sede del consejo donde se dictará tu sentencia.

No me lo podía creer. Alguien me estaba deteniendo por mis crímenes, y no, no era un cazador. Mucho menos un humano corriente y de ninguna manera alguien del gobierno de aquél país.
¿Consejo? ¿De donde demonios vendrá este tío?

La pelea no duró demasiado. Se notaba que sabía pelear, que había sido entrenado. No tenía por aquél entonces nociones de lucha de ningún tipo, por lo que no pude identificarle con nada. ¿cuatro? ¿Quizás cinco? Pocos moviemientos le hicieron falta para inmovilizarme y sedarme. En pocos segundos había caído en sus manos y sin apenas acercarse a mi. Antes de perder el conocimiento pude ver como un dardo estaba clavado en mi pata posterior.


Lo que ví al abrir los ojos, al volver en mí, fue aquella ciudad. Nod. 

Era una ciudad de estructura piramidal, mas bien cónico. Estaba dividida en círculos concentricos que, conforme se acercaban al centro añadían uno o dos pisos más hasta llegar al centro, donde se erguía una gran torre.



Volví a cerrar los ojos y caer rendida.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Aquello... se me fue de las manos


Habían pasado unos días. Pero recordaba aquella sensación que agitaba mi pecho. 

Mi corazón latía fuerte, rápido. Mis zoris se hundían en la nieve y ésta llegaba a tocar mi piel lo justo antes de que levantara el pie.
Corría, riendo, jugando.
Después de tanto tiempo, volvía a divertirme como la niña que era, olvidando todo lo demás.
Aquel demonio sacó de mi sentimientos que tenía enterrados. 

¿Por qué un ser así puede ser bueno y hacerme sentir esto?

Cansada. Hacía mucho tiempo que no corría y eso fue lo que pensé. Estoy cansada, por eso me duele el corazón al verle marcharse. Por eso me duele tanto ver su espalda.

Pero... ¿por qué estoy llorando?

Me había encontrado con Leon, me alegró tanto verle de nuevo, alguien que había conocido hace poco, pero era mi salvación. No era él. Podía olvidarme de todo y charlar con él. Al fin y al cabo era un alma pura y tranquila; lo que me hacía sentir bien, de una forma egoísta. 

-¿Te ocurre algo? Te noto un poco preocupada, será la edad... A ver... ¿quién te ha roto el corazón? 

Preguntó en plan bromista y la broma acabó mal. 
Ni si quiera era consciente de lo que acababa de pasar. Le recordé a él, recordé como se marchó sin decirme nada, sin despedirse, sin saber si volvería a saber de él. ¿Por qué? Si me había cortado las alas, me había enjaulado, le odiaba. 

Para cuando volví en mí ya estaban allí, un río de lágrimas inundaba mis mejillas. 
Me había dado cuenta... aquel sentimiento... se me había ido de las manos.