miércoles, 8 de febrero de 2012

Aquello... se me fue de las manos


Habían pasado unos días. Pero recordaba aquella sensación que agitaba mi pecho. 

Mi corazón latía fuerte, rápido. Mis zoris se hundían en la nieve y ésta llegaba a tocar mi piel lo justo antes de que levantara el pie.
Corría, riendo, jugando.
Después de tanto tiempo, volvía a divertirme como la niña que era, olvidando todo lo demás.
Aquel demonio sacó de mi sentimientos que tenía enterrados. 

¿Por qué un ser así puede ser bueno y hacerme sentir esto?

Cansada. Hacía mucho tiempo que no corría y eso fue lo que pensé. Estoy cansada, por eso me duele el corazón al verle marcharse. Por eso me duele tanto ver su espalda.

Pero... ¿por qué estoy llorando?

Me había encontrado con Leon, me alegró tanto verle de nuevo, alguien que había conocido hace poco, pero era mi salvación. No era él. Podía olvidarme de todo y charlar con él. Al fin y al cabo era un alma pura y tranquila; lo que me hacía sentir bien, de una forma egoísta. 

-¿Te ocurre algo? Te noto un poco preocupada, será la edad... A ver... ¿quién te ha roto el corazón? 

Preguntó en plan bromista y la broma acabó mal. 
Ni si quiera era consciente de lo que acababa de pasar. Le recordé a él, recordé como se marchó sin decirme nada, sin despedirse, sin saber si volvería a saber de él. ¿Por qué? Si me había cortado las alas, me había enjaulado, le odiaba. 

Para cuando volví en mí ya estaban allí, un río de lágrimas inundaba mis mejillas. 
Me había dado cuenta... aquel sentimiento... se me había ido de las manos.

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