lunes, 13 de febrero de 2012

Colt Python 357 [Parte 1]

Nunca pensé que volvería a pasar, que me quedaría de nuevo sola. Que huiría con el rabo entre las patas, como cuando ví morir a mi madre. Ahora había vuelto a perder todo lo que tenía y me había marchado sin mirar atrás.


Vivía en la calle, bajo aspecto humano en las ciudades y bajo aspecto lupino cuando tenía que cazar, esconderme o huir de los cazadores. Por desgracia para mí, aquella fue una época en la que los licantropos eran muy numerosos, estaban en casi todos los bosques y muchos de ellos nos creaban una falsa fama de asesinos. Empezaron a surgir cazadores de "hombres-lobo" y con ello, el peligro era inminente en los pueblos pequeños cercanos a los bosques. Intentaba por todos los medio no ser cazada por ellos y eso me llevó a atacar a muchos cazadores para defenderme, ademas de propocionarme comida.

Empecé a cazar indiscriminadamente, sólo por alimentarme. Luchar por luchar, por placer. Pero para todo existe unas reglas, y yo, estaba saltandomelas como quería. Hasta que dieron conmigo.


Un hombre alto, más que un humano, de anchos hombros, piel oscura, ojos oscuros y pelo corto. Llevaba pintas de ser un militar, pero no llevaba chapas colgando del cuello y su arma no parecía pertenecer a la tecnología humana. Peor aún, eso me excitaba mas, me daba más sed de sangre, de luchar.


- Quedas arrestada por múltiples homicidios. Tienes derecho a guardar silencio. Cualquier cosa que digas podrá ser usada en tu contra ante un tribunal. Tienes derecho a ser escoltada hasta la sede del consejo donde se dictará tu sentencia.

No me lo podía creer. Alguien me estaba deteniendo por mis crímenes, y no, no era un cazador. Mucho menos un humano corriente y de ninguna manera alguien del gobierno de aquél país.
¿Consejo? ¿De donde demonios vendrá este tío?

La pelea no duró demasiado. Se notaba que sabía pelear, que había sido entrenado. No tenía por aquél entonces nociones de lucha de ningún tipo, por lo que no pude identificarle con nada. ¿cuatro? ¿Quizás cinco? Pocos moviemientos le hicieron falta para inmovilizarme y sedarme. En pocos segundos había caído en sus manos y sin apenas acercarse a mi. Antes de perder el conocimiento pude ver como un dardo estaba clavado en mi pata posterior.


Lo que ví al abrir los ojos, al volver en mí, fue aquella ciudad. Nod. 

Era una ciudad de estructura piramidal, mas bien cónico. Estaba dividida en círculos concentricos que, conforme se acercaban al centro añadían uno o dos pisos más hasta llegar al centro, donde se erguía una gran torre.



Volví a cerrar los ojos y caer rendida.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Aquello... se me fue de las manos


Habían pasado unos días. Pero recordaba aquella sensación que agitaba mi pecho. 

Mi corazón latía fuerte, rápido. Mis zoris se hundían en la nieve y ésta llegaba a tocar mi piel lo justo antes de que levantara el pie.
Corría, riendo, jugando.
Después de tanto tiempo, volvía a divertirme como la niña que era, olvidando todo lo demás.
Aquel demonio sacó de mi sentimientos que tenía enterrados. 

¿Por qué un ser así puede ser bueno y hacerme sentir esto?

Cansada. Hacía mucho tiempo que no corría y eso fue lo que pensé. Estoy cansada, por eso me duele el corazón al verle marcharse. Por eso me duele tanto ver su espalda.

Pero... ¿por qué estoy llorando?

Me había encontrado con Leon, me alegró tanto verle de nuevo, alguien que había conocido hace poco, pero era mi salvación. No era él. Podía olvidarme de todo y charlar con él. Al fin y al cabo era un alma pura y tranquila; lo que me hacía sentir bien, de una forma egoísta. 

-¿Te ocurre algo? Te noto un poco preocupada, será la edad... A ver... ¿quién te ha roto el corazón? 

Preguntó en plan bromista y la broma acabó mal. 
Ni si quiera era consciente de lo que acababa de pasar. Le recordé a él, recordé como se marchó sin decirme nada, sin despedirse, sin saber si volvería a saber de él. ¿Por qué? Si me había cortado las alas, me había enjaulado, le odiaba. 

Para cuando volví en mí ya estaban allí, un río de lágrimas inundaba mis mejillas. 
Me había dado cuenta... aquel sentimiento... se me había ido de las manos.

domingo, 5 de febrero de 2012

¿Por qué?

No había tardado mucho en acostumbrarme a aquella vida cuando él apareció.

La primera vez que le ví lo sentí. No era una alma pura, era un ser maligno, cruel, de oscuras intenciones. Pero le dí una oportunidad, que nunca debí habersela dado.

Incluso Suzu me advirtió, parecía que podía ver su alma. Incluso el tiempo se puso triste hasta el punto de nevar. 

La noche era fría y caían los últimos copos de la nevada. Me disponía a salir del templo para ir a comprar la cena cuando le ví. Estaba enfrente del templo, por segunda vez. Intenté pasar de largo y centrarme en mis cosas. Por suerte para mí no me dí cuenta durante un buen rato que me estaba siguiendo, hasta que aquel perro salió corriendo. 
Me giré. Sólo estabamos él y yo en la calle. Él y yo, y la nieve. 

Amablemente le ofrecí ayuda. Antes de que pudiera darme cuenta, ya lo había hecho. 

Aquel demonio había usado en mi su hechizo. Me había hecho su esclava. Había cortado las alas al ángel. 



Intenté correr, huir de él, el corazón me latía muy fuerte, pero seguía corriendo. Las correas de los zori me rozaban la piel haciendome herida, pero seguí corriendo, huyendo de aquel ser. 
En vano. 

Cuando decidí olvidar lo que había pasado, cuando pensé que de ese modo no volvería a verle, reanudé mis tareas y me marché a hacer la compra y a volver al templo con intención de preparar la cena. 

Las bolsas se me cayeron de las manos. No quería volver a verle. Jamás. Y a la vez necesitaba volver a verlo. 
¿Por qué? 

Un impulso fuera de mi me pedía correr, llegar junto a él, y aunque no supiera hacia donde corría, sabía que me encontraría con él.

>Canción

Supervivencia

Después de ver aquella escena no pude evitar correr, correr, correr...


Estuve casi dos días corriendo, gracias a mis habilidades lupinas pude mantenerme corriendo hasta que no pude más. Entonces, cansada, hundida, me dejé caer en mitad de un bosque, llorando, recordando las últimas palabras de mi madre.
Finalmente, me dejé dormir.


Cuando desperté estaba rodeada de lobos, al principio me asusté pero luego comprendí: no eran lobos normales, eran como yo. Licantropos.






Pasé un tiempo viviendo con ellos, aprendiendo de ellos, siempre bajo mi apariencia lupina. Me enseñaron a cazar, a aumentar mi resistencia, a desarrollar mis habilidades. Fueron mi nueva familia.
Con ellos aprendí el significado de muchas cosas nuevas. El valor de cazar, la fidelidad, la manada... el amor. Pensé que mi vida junto a ellos iba a durar por mucho tiempo. Pero estaba equivocada...


Monstruo.


Otra vez esa palabra. Ese gesto en la cara. Odio.


Para ellos, si había otra cosa peor que el hombre era el licantropo híbrido.
Al ver aquel ojo dorado brillando se asustaron, me tacharon de traidora y arremetieron contra mí.
Pude escapar gracias a la ayuda de aquel chico, al que nunca volvería a ver.


Y de nuevo... volví a correr, correr, correr...

>Canción

viernes, 3 de febrero de 2012

Libertad.



Desde siempre había pasado los días aburridos desde la red entretejida de mi familia, mi madre y mis hermanas. Pero el día a día era aburrido. Siempre mirando desde la ventana como la gente caminaba por la calle sin estar atado a ningún hilo. Libres. Y yo ansiaba esa libertad mas que nada en este mundo. 
Mis hermanas me decían que estaba loca, que tenía todo lo que ellas siempre habían deseado: un cuerpo perfecto, cara bonita, mirada hipnótica, labios de fresa y largo pelo ondulado, que por supuesto, recogía en dos altas coletas, mas que nada, para joder a mi madre, odiaba que me lo recogiera.
Todos los nobles siempre nos veían como joyas y entre ellas yo era un diamante, en bruto. Ninguno conseguía darme lo que tanto ansiaba: libertad.
Un día me harté de tanta tontería de fiestas de nobles y me escapé. Probé el mejor vicio que jamás podría haber saboreado. La noche.
La noche en la ciudad, música alta, chicas lindas que son cortejadas por muchachos que se rinden a sus pies al ver un buen escote. Ese era mi mundo. 
Enseguida  me acostumbré a las "escapadas" como las llamaba mi madre. Me encantaba marear a los hombres con mis curvas, era imposible sonreír al ver como se les caía la baba hasta que un día ocurrió. Conocí a un hombre, ni si quiera era alguien especial, incluso había nobles mejores que él, pero sucedió.
Fuimos a su casa y nos envolvimos en un rojo manto de caricias y besos que duró toda la noche; pero cuando quise darme cuenta, yacía muerto a mi lado, esos eran mis poderes, los de una viuda negra.
Alguien que no puede amar ni ser amada y que sin embargo, el placer es su razón de ser.


> Canción

miércoles, 1 de febrero de 2012

El primer día de mi nueva vida.

Por fin había llegado el momento, me marchaba de la casa de la abuela. Ya había aprendido todo lo que la abuela me pudo enseñar, y cargada con mi libro y algo de dinero, me encaminé junto con Suzu hacia el largo camino que me esperaba en el mundo. Apenas podía aguantar las lágrimas en mis parpados para que no resbalasen por mis mejillas. Echaría de menos a la abuela, pero tenía que hacerlo.
El primer día fue duro. No encontré donde pasar la noche, ni encontré ningún lugar donde conseguir comida. Me costó mucho acostumbrarme a mi nueva vida hasta que conseguí abrirme un poco a las personas. Mucha de la gente que conocí me ayudó a abrirme más con los demás y se lo agradezco. 
Seguí mi camino, conociendo nuevos lugares, nuevos rezos y nuevos hechizos; hasta que un día decidí cuidar de un templo abandonado.

A Suzu le gustaba ese sitio, y a mi también. Con todo nuestro esfuerzo conseguimos hacer de aquel viejo templo, el tiempo que seguramente fue algún día, al menos eso es lo que dice la gente del pueblo, que siempre nos agradecen haber hecho tal labor, incluso algunos nos pagaron por estar cuidándolo de nuevo, pero para mi es suficiente recompensa ver como a la gente se le dibuja una sonrisa al ver el templo o como la gente se acerca para pedirme ayuda con sus problemas ¡Me encanta ayudar a la gente!

Así era la abuela y así soy yo. Y estoy feliz de ser así.