miércoles, 1 de febrero de 2012

El primer día de mi nueva vida.

Por fin había llegado el momento, me marchaba de la casa de la abuela. Ya había aprendido todo lo que la abuela me pudo enseñar, y cargada con mi libro y algo de dinero, me encaminé junto con Suzu hacia el largo camino que me esperaba en el mundo. Apenas podía aguantar las lágrimas en mis parpados para que no resbalasen por mis mejillas. Echaría de menos a la abuela, pero tenía que hacerlo.
El primer día fue duro. No encontré donde pasar la noche, ni encontré ningún lugar donde conseguir comida. Me costó mucho acostumbrarme a mi nueva vida hasta que conseguí abrirme un poco a las personas. Mucha de la gente que conocí me ayudó a abrirme más con los demás y se lo agradezco. 
Seguí mi camino, conociendo nuevos lugares, nuevos rezos y nuevos hechizos; hasta que un día decidí cuidar de un templo abandonado.

A Suzu le gustaba ese sitio, y a mi también. Con todo nuestro esfuerzo conseguimos hacer de aquel viejo templo, el tiempo que seguramente fue algún día, al menos eso es lo que dice la gente del pueblo, que siempre nos agradecen haber hecho tal labor, incluso algunos nos pagaron por estar cuidándolo de nuevo, pero para mi es suficiente recompensa ver como a la gente se le dibuja una sonrisa al ver el templo o como la gente se acerca para pedirme ayuda con sus problemas ¡Me encanta ayudar a la gente!

Así era la abuela y así soy yo. Y estoy feliz de ser así.


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