martes, 4 de marzo de 2014

Leyendas

Pero una vida en palacio, llena de lujos llega a ser tan fácil como la pintan, más aún siendo una vampiresa.
No es fácil ser normal. No es fácil luchar contra lo que te mantiene vivo o convivir con ello. Los padres de Tsukiko eran unos reyes admirables, que pasaron por una gran crisis al nacimiento de su hija; pero que supieron llevar las riendas de su pueblo hacia la victoria y el bienestar por el que actualmente se desviven en mantener.

Entretanto, el tiempo iba transcurriendo, y una antigua leyenda hacía crecer entre la gente una gran duda, una duda que sin sentirlo, comenzaba a separar a la gente en dos bandos, los que la creían verdadera, y los que creyeran o no, no la apoyaban.
Se decía que el día que Tsukiko nació, los rebeldes atacaron el reino, pues era un momento de debilidad que podían aprovechar para derrocar a los vampiros que lideraban, pues eran reacios a ser "esclavos", como ellos mismos se autoproclamaban, de unos "monstruos". El débil ataque fue mitigado sin problemas, hasta ahí todo era cierto y sabido.
Pero existía gente que afirmaba que algo más había ocurrido aquella noche, que los monstruos ocultaban algo. De aquel ataque nada se pudo salvar, todos los que soportaron el contraataque murieron, y aquellos que se asustaron no se quedaron lo suficiente para saber que repelía sus ataques.
Y aquí es donde empieza la leyenda. Dicen que aquella noche no nació una única hija, que con ella nació el apocalipsis, un ser que, al tener tanto potencial, fue separado de la misma madre nada más nacer, pues una profecía rezaba que un niño nacido de un chupador de sangre traería la muerte y la desgracia al mundo, sería el ocaso de la vida sobre la tierra, y que sólo la luna sería capaz de apagar las llamas de ese candente sol que sumiría todo en cenizas.

Los reyes nunca admitieron esa profecía, ni que aquella noche ocurriera nada de lo que ésta rezaba. Sin embargo, una nueva organización de rebeldes comenzaba a formarse en la oscuridad, y entre ellos, vampiros que estaban en desacuerdo con las supuestas mentiras contadas por los reyes.

El tiempo pasó, Tsukiko controlaba casi a la perfección su ira y su sed; ahora otras razones la hacían ser odiada: sus caprichos y su superficialidad. Se había vuelto en una niña mimada que chupaba dinero del pueblo para poder satisfacer el vacío que durante estos años había crecido en ella, se sentía sola; no tenía amigos con los que pasar el tiempo, y sus padres estaban demasiado ocupados acallando al pueblo y las revueltas que habían empezado a originarse. Toda esta tensión acumulada, acabó en un catastrófico desastre.

Durante un viaje que Tsukiko hizo para conocer sitios nuevos, hubo una gran revuelta, una gran revolución contra los reyes, incluso la mismísima guardia real traicionó a sus regentes. Apenas pudieron ofrecer resistencia, en pocas horas el palacio fue arrasado y sus padres murieron quemados en la hoguera. Las celebraciones y el miedo se adueñaba de las calles, había gente que lo celebraba, otros, que seguían apoyando a los reyes, se recluían en sus casas temiendo ser los siguientes en caer.
La celebración sólo duró unas horas, Tsukiko viajó con lágrimas de sangre en los ojos con la palabra venganza grabada en su mirada.